Muchos años han pasado, quemándose dulcemente como una tierna vela, dibujando en nuestros rostros muchas sonrisas, muchas lágrimas...
Eternamente, en la gran bóveda que nuestros corazones son, guardamos un retrato de todas las personas que pintan con un sabor melancólico, una sinfonía de colores que ilustra lo más característico de su esencia.
Y así, como artífices de nuestro propio destino y actores en esta gran obra que se llama vida, abramos nuestros corazones a las lluvias de otoño y dejemos que con la caída de las hojas y agua viva nos nutran y nos limpien, y lleguemos al clímax de nuestra existencia.
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Otoño
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario