Por las noches, ya cuando estamos perdidos en una almohada, solos, la sombra de los recuerdos se vuelve a hacer presente, como es su costumbre, y ¿qué es lo que nos muestra? ¿Con que mascara de melancolía nos invade ese día?
Muchas de esas veces, tras fugaces secuencias al azar que aparecen en nuestras mentes; rostros, sonrisas y lágrimas que se escapan del muro que nubla nuestro conciente, una rápida mirada a lo que tiempo atrás nos hacia volar por un mar de sensaciones e ideas que nos dejaban incapacitándonos muchas veces como para tratar de comprender la austeridad de las cosas, una beso, una caricia, o solamente sentir la presencia de esa otra alma, esa simple sencillez que glorificaba nuestros días.
Con el marchar de los años ¿en donde se ha escondido esa inocencia? ¿Quizá el conocimiento y la fatiga nos hacen cada vez mas trascendentales, pero al mismo tiempo más inhumanos, mas estériles?
A veces, la fantasía a la que nuestra alma da forma y vida se vuelve tan gratificante, inundando nuestro ser con ese cosquilleo que anhelábamos en nuestra infancia, y es entonces, que esos rostros, sonrisas y lágrimas hacen que revivamos lo que en aquella época fue y siempre será, los más dulces de nuestros recuerdos...