miércoles, 26 de septiembre de 2007

Sobre el disfraz que cubre el recuerdo de aquellas tardes; arriba y abajo, en la mente explotan las estrellas fugaces que tanto alarde hicieron aquellas noches en que la imaginación se nublo y mecieron en los cantaros de aire las mil y un palabras que mi boca ebria, intentaron pronunciar con el mas mínimo descaro.

Aun así, ardua fue esa noche, azules y rojos volaban con fantasía en telas bañadas en vino y algo de trigo, al amparo de mi mirada extasiada y adormecida en encantos y juegos que haciendo pulsar mi corazón de la manera mas sublime, clamaban venganza; Manos que vibraban y sudaban, ideas aleteaban en la mente tan febriles como el compás de aquella canción que tanto nos estremeció con sus armonías dulces y mezcladas.

Y así, jugando con mi destino, así, jugando con mi destino, fuerzas y mente, haciendo rogarme a mi mismo por un día más de pan, pretendiendo ser un ángel caído que solo se juzga por la perdida de la vida, dejando ceñida la fantasía a gruesos grilletes y lágrimas que queman en busca de una salida, como flores encaminadas en la noche en pos del fin de un ciclo del cual no conocen pero que añoran.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Estoy cansado

Estoy cansado...
Aunque sé que decirlo no alivia el hastío,
esta noche deseo gritarlo

Hoy quiero confesarme débil,
y traicionando sin piedad mi credo,
reconocer que el entusiasmo se ha ido...

Que se ha llevado mi algarabía de ayer,
dejando en mi voz un silencio
ansioso de convertirse en lágrimas

Y en mi corazón un espacio
a la vez ancho como el horizonte,
y estrecho como un nido vacío

Como la rosa, mi alegría tampoco es eterna,
como la luna, de vez en cuando se esconde

Estoy cansado... Cansado y triste,
y aunque deseo gritarlo a viva voz,
no quiero que alguien más lo escuche

No busco preguntas,
tampoco palabras de consuelo,
mucho menos que me ignores

Tan sólo quiero llorar, y para esto,
esta noche me basta tu silencio

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Otoño

Muchos años han pasado, quemándose dulcemente como una tierna vela, dibujando en nuestros rostros muchas sonrisas, muchas lágrimas...

Eternamente, en la gran bóveda que nuestros corazones son, guardamos un retrato de todas las personas que pintan con un sabor melancólico, una sinfonía de colores que ilustra lo más característico de su esencia.

Y así, como artífices de nuestro propio destino y actores en esta gran obra que se llama vida, abramos nuestros corazones a las lluvias de otoño y dejemos que con la caída de las hojas y agua viva nos nutran y nos limpien, y lleguemos al clímax de nuestra existencia.